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Chema García Ibarra: El ataque de los robots de Nebulosa-5 (2008) y Protopartículas (2009)

Posted in Uncategorized with tags , , , on 22 febrero, 2015 by Glatar Pim

La ciencia ficción en el cine nos tiene habituados a unos niveles de producción y presupuesto que, casi siempre, garantizan una pobre calidad artística y conceptual. Los que, a pesar de ello, nos vemos atraídos por sus despliegues estéticos y ocasionales aciertos, tarde o temprano nos acostumbramos a valorar el trabajo de escenaristas, vesturistas y maquetadores por sobre el de sus directores, guionistas y productores. En muchos casos, apreciar el cine de ciencia ficción tiene más que ver con dejarse afectar por sus atmósferas y detalles escénicos que por su cinematografía.

Esto no fue siempre así, claro. Junto al cine de terror, si hay un cine tradicionalmente asociado a los bajos presupuestos y la clase B, es el cine de ciencia ficción, sin lugar a dudas. Pero los tiempos cambian, y el estatus de un género tan actual como (supuestamente) visionario y complejo tiene una larga historia a las espaldas de sus actuales alcance y valoración masivos (con superproducciones de origen, como Metrópolis, de Fritz Lang, y reinvenciones bajopresupuestarias permanentes –icónicamente encarnadas, en Estados Unidos, por las proyecciones al aire libre de los años 50–).

Ahora, ¿a qué esta brecha tan absoluta entre el gusto aficionado y las superproducciones millonarias? ¿Por qué cada nuevo estreno hollywoodense es vivido como una traición personal por cientos o decenas o miles de nerds que ya sabían, que leyeron el comic o vieron la primera parte y se sienten excluidos a la vez que solicitados por el negocio de la ciencia ficción cinematográfica?

Chema García Ibarra no responde a ninguna de estas preguntas pero hace algo nuevo, algo distinto, algo único e irreverente. Habitante insidioso del lenguaje del cine independiente (ese cine de festivales y entendidos cuyo sueño produce monstruos tan absurdos como los de Hollywood) hace películas de ciencia ficción tontísimas, ridículas, imposibles de tomar en serio como “cine indi” o como cine de ciencia ficción. Su recurso al género es fulminantemente retro y amateur. No es ningún visionario, ningún Julio Verne, ningún Ridley Scott. Sencillamente, le da por hacer tontadas inspirado en sus tebeos y su amor por el cine.

Pero no sólo, porque sus películas están cargadas de una ironía reminiscente de la más encumbrada literatura fantástica. Lo de sus narradores, nunca se sabe si es imaginación o realidad. Dejando en suspenso, por efecto de su propia tontería, la asignación de todo el relato al realismo costumbrista más banal o a la ciencia ficción más descabellada y sombría. Inquietante maestría narrativa que nos recuerda a Cortázar, Borges o Bioy Casares, sin pagar tributo solemne a ninguno de ellos.

Si una de las fallas más evidentes de la ciencia ficción acrítica y fantástica, que vive del esteticismo y la proyección fetichistas, es su carácter celebratorio de la civilización y el progreso (aun allí donde su perversión es más evidente), el recurso de Chema García Ibarra a lo mejor de la sátira y la picardía hispanas, en aras de la desesta- bilización representacional y la risa, parece dar en la tecla de una ciencia ficción que, al mismo tiempo que critica, cuida y fomenta lo más genuinamente deseante del inveterado consumidor de ficciones sci.

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