Pier Paolo Pasolini: Medea (1969)

a32666cc8f9ba13fecee6a55be2decd7El rey Eolo tenía siete hijos. Uno de ellos, Atamante, reinaba sobre Beocia; Nube (Néfele), su esposa, le había dado dos hijos, Frixo y Hele. Pero Atamante la repudió para desposarse con Ino, y la nueva madrastra quizo eliminar a los hijos del primer matrimonio: Ino persuadió a las mujeres del país para que, a espaldas de los hombres, tostaran todas las semillas, de manera que ese año ninguna simiente fructificó. Sobornado por Ino, el sirviente que había sido enviado a Delfos regresó con un oráculo falsificado: para conjurar la carestía de alimentos era necesario sacrificar a Frixo, o a Frixo y Hele. Pero Zeus, o Nube, su madre, proporcionó a los niños el medio para salvarse: un maravilloso carnero parlante, hijo de Posidón, y cuyo vellocino era de oro gracias a las artes de Hermes. Los niños escaparon montados sobre su lomo.

Sin embargo, los dioses hicieron que Atamante enloqueciese para hacerle expiar el infanticidio que había planeado: mató con sus flechas a Learco, uno de los hijos que había tenido con Ino, y persiguió con odio a la propia Ino y a Melicertes, su otro hijo. Ambos lograron escapar arrojándose al mar, e Ino se transformó en Leucótea, la Diosa Blanca. Atamante, desterrado y errante, consultó el oráculo: debía establecerse allí donde los animales salvajes le ofrecieran hospita- lidad, cosa que hicieron unos lobos en Tesalia.

Frixo y Hele volaron hacia la Cólquide, el país del sol naciente. Pero Hele cayó al mar, que desde entonces lleva su nombre: el Helesponto. Tan pronto Frixo llegó a la Cólquide, y siguiendo los consejos del propio animal, sacrificó el carnero al Zeus «de los fugitivos» y colgó el Toisón de oro en el bosque de Ares, bajo la vigilancia de un dragón que siempre estaba despierto. Eetes, el rey del país, recibió favorablemente al fugitivo y le dio en matrimonio a una de sus hijas. Sin embargo, según algunas versiones, el rey terminó asesinando a Frixo: un oráculo le había prevenido de que desconfiase de un extranjero descendiente de Eolo. Eetes era hijo del Sol; se había desposado con una hija de Océano, Idía (Eiduia), Aquella-que-sabe, o, según algunos autores, con una terrible maga, cazadora y asesina de hombres, Hécate, quien ensayaba sus venenos con los extranjeros que se encontraban de paso. Medea era su hija.

Otro hijo de Eolo, Creteo, reinaba en Yolcos, en Tesalia. Su hijo Esón fue expulsado por un usurpador, Pelias, un primo-hermano o primo segundo, hijo de Posidón y descendiente de Eolo por parte de madre. Para alejarlo del odio de Pelias, Esón ocultó a su hijo recién nacido y lo confió al centauro Quirón, quien lo educó en las montañas y le dio su nombre: Jasón.

Al cabo de un tiempo, Pelias, rey sin oposición en Yolcos, invitó a todos sus súbditos a un gran sacrificio en honor de Posidón. Jasón acudió. Pero al atravezar un río -o, tal vez, al transportar sobre el río a una mujer anciana que era la propia Hera-, perdió una sandalia. Al verlo, Pelias se acordó de un oráculo: su perdición la provocaría un extranjero monosandalos. Entonces impuso a Jasón una misión imposible que lo liberaría de su rival: traer de la Cólquide el Toisón de oro, y con él el espíritu descontento de Frixo.

Respondiendo a la llamada de Jasón, los más audaces de entre los griegos se dirigieron presurosos hacia Tesalia para embarcar en la nave Argo. Durante la travesía tuvieron que vencer cien obstáculos y librar numerosos combates. Franquearon las terribles Simplégades, unos escollos flotantes que el movimiento del mar separaba primero y después hacía entrechocar; una vez que la nave Argo consiguió atravesarlas, las Simplégades echaron raíces para siempre. Al llegar a la Cólquide, los Argonautas pidieron a Eetes que les entregase el Toisón. El rey prometió que se lo entregaría a Jasón si éste conseguía poner el yugo a unos toros cuyas pezuñas eran de bronce y cuyos ollares desprendían fuego; a continuación, Jasón debía sembrar los dientes de un dragón, de los cuales habrían de nacer unos gigantes armados. Pero era voluntad de Hera que Medea se enamorase de Jasón: gracias a sus sortilegios, Jasón consiguió realizar con éxito las tareas que le habían sido encomendadas. Pero Eetes se negó a mantener su promesa y entonces Jasón robó el Toisón: los hechizos de Medea habían adormecido al dragón que lo vigilaba. Cuando los Argonautos zarparon, se llevaron consigo el Toisón de oro y a la hija del rey.

Según algunas versiones, se llevaron también a Apsirto, el joven hijo de Eetes. Medea lo degolló, lo despedazó y arrojó los pedazos, uno a uno por la borda. Mientras Eetes perdía tiempo recuperando esos pedazos para enterrarlos, los Argonautas escaparon de su persecución.

En Yolcos, Medea se convirtió en el instrumento de la venganza de Jasón. Convenció a las hijas de Pelias de que si degollaban a su padre, lo despedazaban y lo ponían a hervir, lo convertirían en un hombre joven. ¿Acaso ella no había conseguido, mediante el mismo procedimiento, transformar un viejo carnero en un joven cordero? De este modo, Pelias murió a manos de sus hijas.

Jasón reinaba, pues, en Yolcos gracias a Medea. Sin embargo, decidió abandonar Tesalia (o fue expulsado) y se estableció en Corinto, donde vivía feliz junto a Medea y tuvo numerosos hijos. Pero Jasón se enamoró de Creusa, la hija del rey de Corinto, y repudió a la extranjera. Medea envío entonces a la nueva esposa un regalo de boda envenenado: un vestido cuyo fuego devorador abrasó a la princesa, al rey y al palacio real. Para culminar su venganza, Medea asesinó a los hijos que había tenido con Jasón y huyó sobre un carro tirado por dragones voladores que le había enviado su abuelo el Sol.

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Texto tomado de Diccionario de las mitologías, vol. II (bajo la dirección de Yves Bonnefoy, ed. Destino), entrada: Argonautas (fragmento), de Jeannie Carlier; tr. Maite Solana.

La imagen forma parte de la gráfica diseñada por Marina Tercelán para el espectáculo interdiciplinario Medea, de la herida a la cicatriz.

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